Diógenes Digital: Ay de ti como me borres el disco duro

Cuando Bill Gates dijo en 1981 que 640kb de memoria bastarían para almacenar toda nuestra información era imposible imaginar como sería el futuro de la tecnología.

Cantidades ingentes de datos copan nuestro disco duro y nos vemos obligados a vaciarlo (muy a nuestro pesar) cuando llegamos al límite de capacidad. Por suerte existen cientos de dispositivos donde almacenarlos, pero ni parece suficiente, ni borramos todo lo que guardamos.

Llegados a este punto conviene explicar que el llamado Síndrome de Diógenes no solo afecta al terreno analógico sino también al Digital. Más de uno podría contarnos que en alguna ocasión ha intentado, en vano, formatear su disco duro y lo único que ha conseguido ha sido dejarlo como está o pasar la información de un aparato a otro.

Por muy raro que pueda resultar, este “defecto psicológico” crece a medida que la tecnología evoluciona, así que parece que es un problema que no tiene visos de amainar.
Buscar, descargar y guardar. El proceso se repite infinitas veces y de forma compulsiva.
Buscar, descargar y guardar. Unas veces por nostalgia, otras por utilidad o simplemente por pereza, el caso es que la información almacenada no desaparece y se acumula sin ni siquiera llegar a usarse.

Reflexionad si sois de aquellas personas que descarga sin parar, porque si echásemos un ojo a las entrañas de nuestro PC probablemente nos perderíamos ante el maremágnum de información y moriríamos ahogados entre la discografía de los Chichos y las fotos de tu comunión, y eso amigos, no creo que sea digno ni para una peli de Tarantino.

La cultura y el conocimiento del futuro

A lo largo de la historia han sido muchos los atentados contra la cultura.

Desde Alejandría al fanatismo de Hitler y pasando por los mayas, el ser humano ha reincidido en acciones que a día de hoy nos parecerían impensables.

Sucesos como la quema de libros y destrucción de bibliotecas son una lacra para las personas que buscan el conocimiento en cualquier parte del mundo.

Si nada de eso hubiera pasado, hoy podríamos disponer de datos increíblemente valiosos sobre civilizaciones antiguas e hipotéticos manuscritos sobre el fin del mundo.

El futuro de aquellos días es hoy. La incertidumbre de no saber que pasará mañana solo es superada por la indignación de acontecimientos presentes.

Medidas como la Ley Sinde o SOPA coartan al individuo a la libre transferencia de datos. Nadie debería  prohibir que los ciudadanos compartan su sabiduría a través de la red.
La revolución de los Social Media hace posible que se conozcan las opiniones, a favor y en contra, de éstos hechos. Pero de poco sirve una movilización así si los que tienen la batuta miran por sus propios intereses más que por el bien común global.

Con el cierre de Megavideo se abrirá una ventana nueva de posibilidades para compartir archivos a nivel mundial, y los gobiernos lo tendrán un poco más difícil para impedirlo.
Pero el primer paso para el control de la información ya lo han tomado. Aprobar una ley que permita cerrar páginas webs con un solo click atenta contra todos los que sienten curiosidad por el saber personal y universal.

Estudiamos historia porque nos sirve para aprender.
No permitamos que los hechos de hoy perjudiquen nuestro mañana.