1.001 formas de vender un yogur

De la misma manera que un aficionado al fútbol está atento al resultado y comprueba la quiniela después de cada partido.

Del mismo modo que el estudiante espera nervioso la nota del examen definitivo de su carrera.

Igual que un apasionado de las series cuenta las horas para el esperado capítulo final o el tecnólogo espera la salida del último gadget, las sensaciones que experimentan son extrañas y a menudo incomprendidas pero con un nexo común, la duda.

Cuando a un creativo le llega un briefing duda. Intenta pensar el camino correcto y la idea adecuada. No sabe si dejarse llevar por su instinto y presentar al cliente algo fuera de lo común o seguir la línea de los trabajos anteriores.

Con la primera opción titubea porque en su fuero interno sabe que si sigue adelante lo más probable es que no sirva y tenga que volver a empezar.
Con la segunda sabe que va sobre seguro pero siente que está traicionándose a sí mismo.
De las 1.000 formas que hay para vender un yogur, todas ellas creativas y originales, surge una más, la que quiere el cliente. La idea número 1.001.

El trabajo es el trabajo, piensa. ¿Pero porque no hacer algo interesante para las dos partes? El objetivo de la marca es vender y la misión del creativo es llevarlo a cabo, pero nadie dice que no puedas hacerlo como tú quieras.

La sensación de duda cambia de una manera tan sutil que no nos damos cuenta.
El aficionado al fútbol la transforma en nerviosismo, el temor se apodera del estudiante, la decepción acecha al tecnólogo y el seguidor recela del final de la serie.
Lo que antes era duda para el creativo ahora se convierte en ilusión.

Por muy extraño que parezca y sin que los planetas se alineen y las dos partes estén de acuerdo, la opción número 1.001 de vender un yogur se transforma en un proyecto conjunto donde todos se apoyan y no existen obstáculos para llegar hasta el final.

Las piezas encajan y durante unos instantes recuerdas a aquel chavalito que salió de la universidad dispuesto a comerse el mundo y recuperas la sonrisa pensando cuantas personas disfrutarán comiéndose un yogur gracias a la idea número 1.001.

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